Encantados, enanitas y oro en La Cueva del Guacharo.

“ Encantados, Enanitas y oro de la Cueva del Guácharo”.
P/Jorge Martínez R.

Los muertos, visiones o aparecidos siempre han copado las leyendas, cuentos de caminos o historietas de muchos lugares,  pueblos, caseríos, carreteras y caminos  de Venezuela, historietas que atreves del tiempo se han ido trasmitiendo de generación en generación con versiones actualizadas. 
Cuando los muertos salían en la oscuridad de la noche, muchos sitios se convirtieron en algo tenebroso para los caminantes o transeúntes nocturnos que andan sin compañía.
Según los  antiguos pobladores de las cercanías de La Cueva Del Guácharo,   los días de luna llena después de las nueve (9) de la noche los Encantados de la Cueva del Pavo, -que queda en el  cerro El Cantón-, se reunían con las Enanitas de La Cueva del Guácharo, y formaban grandes veladas musicales, con instrumentos de cuerdas, maracas de capacho y tambores de cuero que se escuchaban alrededor de las poblaciones del Corozo y el Guácharo de Caripe, Estado Monagas-Venezuela.
Con la aparición de la luz eléctrica y la carretera que pasa por la Cueva del Guácharo, -la cual  separa al cerro El Cantón y el cerro  La Bocaina-, los encantados se quedaron en La Cueva del Pavo y las Enanitas en la Cueva del Guácharo, perdiéndose entre ellos la relación de contacto y  las grandes veladas musicales que se hacían en La Cueva del Pavo.
Las Enanitas seguían saliendo  de La cueva del Guácharo,  siempre en parejas, con dos encantados, buscando camino hacia la Cueva del Pavo, pero se perdían por el corte o paso de la carretera, con el calor  del asfalto y el reflejo de la luz eléctrica las luces de vehículos, manteniéndose siempre en el mismo lado de la cueva vía  hacia el Alto de La Laguna, según la versión de chóferes y personas que las vieron de noche en esa vía,  algunos  chóferes, ingenuamente se pararon par llevarlas, se montaban, y sin que se percataran se bajaban o desaparecían misteriosamente del carro, antes de llegar a La Cueva,  dejando un exquisito aroma de perfume de mujer y una luz verde por delante que lo acompañaba hasta llegar a su destino, donde sentían una extraña sensación de miedo que los hacia  enmudecer hasta por varios  días.  
Hasta que a finales de los años sesenta, para época de Semana Santa, llego un grupo de jóvenes exploradores, estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (UCV)  y La Universidad de los Andes, (ULA)  jóvenes apuestos, educados, de buena presencia, de familias adineradas, con vehículos todo terreno, indumentaria y equipos de exploradores, con  espíritu aventurero e impulsados por su juventud, -miembros de la SOCIEDAD VENEZOLANA DE ESPELEOLOGIA- con la finalidad de explorar, estudiar la morfología geológica, medir la longitud y profundidad de la Cueva del Guácharo, y determinar científicamente la existencia de las múltiples especie vivientes y elementos que hacen vida en esta oquedad.
Un grupo de estos exploradores, se intereso mucho por esta leyenda, exploraron en La Cueva del Pavo, pasando días y noches en sus entrañas, convirtiéndose en unos caza fantasmas, decidieron venir e instalarse en la cercanías para encontrarse con las misteriosas Enanitas de La Cueva, para ver si podían tocarlas, cazarlas o simplemente atraparlas para dar testimonio de este mito. Se instalaron en la misma Cueva Del Guácharo y cada noche salían en sus vehículos o caminando, se convirtieron en la atracción y la envidia de los pobladores, todo el mundo los nombraba, se decía en el pueblo, confirmado por los mismos guías que los acompañaron en sus exploraciones a la Cueva del Guácharo y a la cueva del Pavo.,  “ Que los exploradores se quedaron por que en esas cuevas  “había oro, muchísimo oro”, que habían encontrado una mina, una fortuna incalculable, que el cuento de las "Enanitas" era un excusa para que nadie participara del hallazgo de oro.
El grupo de exploradores convertido en caza fantasmas se redujo a dos jóvenes, que se convirtieron en la envidia e intriga de todos los moradores de la comarca, que persistían  hasta el cansancio; “que en las Cuevas habían encontrado unas minas oro” y que los otros exploradores, pronto vendrían, con equipos y maquinarias de minerías para la explotación  de las minas,  para apoderarse del tesoro, que el pueblo se quedaría sin participar del botín, cosa que no se iba a permitir, surgieron lideres en la comunidad a tal punto que se organizaron grupos para defender sus minas de oro.  Para la época no existía la televisión y la señal de radio era muy escaza  en toda la zona, la comidilla se hizo tan fuerte, que se convirtió en el tema del momento, que hasta el mismo sacerdote, párroco de Caripe, en una misa en la Iglesia de El Guácharo, con su homilía tuvo que desmentir eso y apaciguar los ánimos de la gente que andaba alborotada con el cuento de las minas de oro en la Cueva del Guácharo y La Cueva del Pavo-
Al final el Cura tuvo la  razón, Los dos jóvenes estudiantes de la UCV,  integrantes del  grupo de exploradores   -convertidos después en caza fantasmas de leyendas-,  después al cabo de  de siete (7) meses de amoríos, terminaron casándose con dos hermosas muchachas, dos hermanitas preciosas, de  figuras esculturales, de mejillas rojas, pelo negro y ojos verdes,  que habían nacido y se habían criado allí mismo en La Cueva del Guácharo, hijas de  uno de los guías y compañero de estos jóvenes exploradores y caza fantasmas, que hoy siguen felizmente casados con estas bellas damas, viviendo en  Francia, cada cual con su prole familiar, con nietos y bisnietos, como fruto sagrado de esta relación de parejas   que conformaron  “Los Encantados y las Enanitas de la Cueva del Guácharo”


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